Blog 4 — “Solo era curiosidad”: cuando jugamos con lo espiritual

Juan nunca pensó que estuviera haciendo algo peligroso.
Estaba con unos amigos. Alguien había llevado una tabla ouija. Al principio hubo bromas y risas. Nadie parecía tomárselo demasiado en serio. Era curiosidad, entretenimiento, quizá el deseo de experimentar algo diferente.
Pero después de aquella noche Juan empezó a sentir miedo. Lo que había comenzado como un juego ya no le parecía tan inocente.
En nuestra cultura existe una contradicción interesante. Por un lado, muchas personas dicen no creer en una realidad espiritual. Por otro, crece el interés por el tarot, horóscopos, consultas espirituales, rituales, energías, amuletos y diferentes formas de buscar orientación sobrenatural.
La pregunta bíblica no es simplemente: “¿Funciona?” La pregunta más profunda es: “¿A quién estoy buscando?”
Deuteronomio 18 advierte al pueblo de Dios contra la adivinación, la hechicería y la consulta a los muertos. No porque Dios quiera mantenernos ignorantes o temerosos, sino porque Israel debía aprender a buscar dirección y seguridad exclusivamente en Él.
Ese principio sigue siendo importante.
La batalla espiritual tiene mucho que ver con confianza y lealtad. ¿Dónde busco protección cuando tengo miedo? ¿A quién consulto cuando quiero conocer mi futuro? ¿De dónde espero recibir poder, seguridad o dirección?
En América Latina estas preguntas son especialmente concretas. La fe cristiana puede convivir fácilmente con prácticas heredadas de otras tradiciones: una oración a Jesús por un lado y, por otro, una limpia, un amuleto, una consulta o un ritual “por si acaso”.
Pero seguir a Cristo implica aprender a confiar en Él también cuando no controlamos lo que viene.
Esto tampoco significa vivir obsesionados con objetos o temiendo que detrás de cada cosa haya un demonio. El cristiano no está llamado a una nueva superstición. Nuestra atención debe dirigirse a Cristo, no a las tinieblas.
Si has participado conscientemente en prácticas que buscaban poder, protección o conocimiento espiritual fuera de Dios, el camino no comienza con el miedo. Comienza con honestidad: reconocerlo delante de Dios, apartarse de aquello y volver a poner la confianza en Jesucristo.
Porque la pregunta decisiva no es cuánto poder tiene la oscuridad.
La pregunta decisiva es a quién perteneces.
Para reflexionar: Cuando necesitas protección, orientación o seguridad, ¿dónde buscas primero?
Para leer: Deuteronomio 18:9–14; Colosenses 2:13–15.
Frase para recordar:La libertad no comienza temiendo las tinieblas, sino volviendo nuestra confianza a Cristo.
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