Blog 6 — Cuando la batalla entra en una conversación

Claudia no empezó a hablar mal de su compañera porque quisiera destruirla.
Todo comenzó durante el café en la oficina.
Alguien hizo un comentario. Otro añadió algo. Claudia sabía que no debía participar, pero también quería pertenecer al grupo. Así que contó algo que había escuchado. Todos se rieron.
Al día siguiente, la historia ya había cambiado. Una semana después, dos personas casi no se hablaban.
Nadie vio un demonio. Nadie experimentó algo extraordinario.
Y, sin embargo, algo había sido destruido.
Este es precisamente uno de los lugares donde necesitamos recuperar una visión bíblica de la batalla espiritual. Pablo habla de principados y potestades en Efesios 6, pero unos capítulos antes habla de algo tremendamente cotidiano: mentira, enojo, palabras destructivas, amargura, gritos, malicia y falta de perdón.
Es decir: la batalla espiritual también pasa por nuestra boca.
El enemigo es llamado “acusador” y “padre de mentira”. Por eso no debería sorprendernos que la división, la sospecha, la exageración y la acusación sean instrumentos tan destructivos dentro de familias, equipos de trabajo e incluso iglesias.
Una congregación puede tener buena doctrina y, al mismo tiempo, estar debilitándose espiritualmente porque sus miembros hablan unos de otros en lugar de hablar unos con otros.
Un matrimonio puede orar cada mañana y, sin embargo, permitir que palabras hirientes vayan destruyendo la confianza.
Un mensaje de WhatsApp puede provocar en unas horas una división que tardará meses en sanar.
Por eso Pablo ofrece una alternativa muy concreta: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación” (Efesios 4:29).
Esa también es guerra espiritual.
Cada vez que decides no compartir un rumor, estás resistiendo. Cada vez que preguntas directamente antes de creer una acusación, estás escogiendo la verdad. Cada vez que bendices en lugar de destruir, perdonas en lugar de alimentar resentimiento y buscas reconciliación en lugar de formar bandos, estás negando terreno a aquello que divide.
No necesitamos ver al enemigo detrás de cada conflicto.
Pero sí necesitamos reconocer que el enemigo sabe utilizar muy bien los conflictos que nosotros no tratamos.
Tal vez hoy la batalla espiritual no te lleve a una experiencia extraordinaria.
Tal vez te lleve a una conversación que necesitas tener.
Para reflexionar: ¿Mis palabras durante esta última semana han contribuido más a la reconciliación o a la división?
Para leer: Efesios 4:25–32; Santiago 3:5–12.
Frase para recordar:También resistimos al enemigo cuando elegimos la verdad, el perdón y palabras que edifican.
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